viernes, 11 de enero de 2013

El pastor y la lectura

En mis largos años de estudiante universitario (!) me he dado cuenta de un elemento importante en el ministerio, del cual creo que no se puede prescindir. Me refiero a la gran responsabilidad de comunicar correcta y adecuadamente el mensaje de la Palabra de Dios. El pastor (y el teólogo) es un comunicador, un mensajero, un representante del reino de Dios y su vocabulario, sin dejar de lado su caudal de conocimiento bíblico y teológico, es lo que levanta o cae la imagen que los demás tienen de la tarea pastoral. Esto me hace recordar el consejo de Pablo al joven Timoteo: "Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza... Reflexiona sobre estas cosas; dedícate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos" (2 Tim 4:13-15).
Pablo recalca la importancia de poder cultivar el hábito (disciplinado) de leer las Escrituras y "reflexionar" sobre lo leído; y la Biblia es el elemento disciplinario, educativo y reflexivo que posee la iglesia. La lectura eleva al ser humano moralmente, espiritualmente, culturalmente y le hace partícipe de un universo vasto y variado de pensamientos, mundos y cosmovisiones que enriquecen su vida y a los que le rodean. El raciocinio y la capacidad de reflexión también se aguzan con la práctica de leer, convirtiendo al lector en un crítico de lo incorrecto, en un pensador capaz de discernir lo malo de lo bueno; asimismo la lectura moldea y transforma el lenguaje y forma de hablar del sujeto, capacitándole a expresar adecuadamente y con palabras bien pronunciadas el tesoro de la Palabra de Dios.
Por eso, mirando nuestra realidad, cuan necesario es--principalmente en los pastores y estudiantes de teología-- el desarrollo de un buen hábito de lectura, escuchar diferentes maestros, autor@s y escritores que nos comparten sus vivencias, experiencias y estudios que hacen más rico nuestro caudal de conocimiento, que a su vez incorporaremos en los sermones, discursos y escritos que compartimos semana a semana en nuestras iglesias y hogares (y por qué no, en nuestra sociedad también). ;)

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