Conversaba un día con el Dr. Donald Jaimes, responsable del área de publicaciones de nuestra querida universidad, acerca de la importancia de la cultura entre los académicos adventistas en el Perú y la necesidad de fomentar el hábito de leer y producir literatura en el ambiente universitario unionista. Según la apreciación del Doctor, hace falta inculcar en el alumnado, igualmente en el gremio docente, la iniciativa de elaborar material bibliográfico, útil y de calidad.
Acordamos en que una de las causas de la carencia de producción bibliográfica es la falta de lectura continua entre los Unionistas. La lectura es la base del cambio--en todo sentido--y un poderoso aliciente para el quehacer académico; también es el motor de despegue en la producción literaria, pues quien lee mucho puede llegar a escribir mucho. A continuación, me impresionó el comentario que el Dr. Jaimes hizo acerca de los tres niveles de lectura en una persona. Yo había leído o escuchado tal idea en alguna parte, pero no pude recordar ese hecho. Lo que Donald Jaimes dijo era lo siguiente: Un lector puede hallarse en tres niveles de lectura. El lector de primer nivel es aquel individuo que lee una obra por mera información, hobbie o pasatiempo. En este nivel nos encontramos la mayoría de personas, sea que leamos un periódico, una revista al paso o un libro de vez en cuando.
El lector de segundo nivel es la persona que lee y reflexiona sobre lo leído. Este es un desarrollo del nivel anterior, pues la persona procesa información, compara ideas y luego saca un resultado de lo que ha pensado. Conozco muchos lectores de este nivel, que meditan sobre sus lecturas y comparten sus hallazgos.
Es aquí donde surge el lector de tercer nivel. Éste es aquel que lee, reflexiona su lectura y la comunica, sea de manera oral o escrita. Esta última es la que determina al verdadero lector y al verdadero intelectual. Es una lastima que tantos profesionales y eruditos tengan un caudal de conocimiento y un gran acopio de información recopilado a lo largo de los años, pero no escriba de ello ni un folleto de 10 páginas.
No quiero sonar descortés o desconsiderado con esta clase de personas, solo manifestar la gran tristeza que envuelve recibir información en un alto nivel y no expresarla o compartirla de manera escrita, ya que el acto de escribir literatura coloca al erudito(a) en plano de respeto, valor y responsabilidad.
En 1 Timoteo 4:13, Pablo le aconseja a su joven amigo: "Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza." (RV, 1995). El griego de "lectura" es anágnasis, "lectura en publico". Es interesante el hecho que Pablo coloca la "lectura" al lado de "exhortación" (gr. paráklesis) y "enseñanza" (gr. didaskalía). Ese es el nivel que el apóstol desea para su discípulo. La lectura debe producir una declaración de la voluntad de Dios con efectos éticos (exhortación) y una práctica docente basada en la Revelación de Dios (enseñanza). Es la lectura (de la Biblia y buenos libros) y solo la lectura, la que hace mejores alumnos y mejores docentes (y la lectura y reflexión de la Palabra de Dios hará mejores hijos suyos). Si queremos cumplir la meta a la cual Dios nos llama de ser cabeza y no cola (Dt 28:13) en el ámbito académico y educativo, debemos dar importancia suprema a la buena educación que proviene de una continua, reflexiva y provechosa lectura, que a su vez resulte en expresar ideas y argumentos propios de manera escritural. Y ahora, ¿en cual nivel de lectura te encuentras?

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